
Finaliza otro año santo. 365 días en los que miles de peregrinos han llenado los diferentes caminos y variantes; ahora nos esperan cifras, estadísticas y ganancias económicas. Pero lo que no termina, y ya vamos por mas de un milenio, será el continuo goteo de personas que aun se emocionan y lloran ante la vision de la catedral de Compostela o del mar en Finisterre, que siguen buscando en su caminar la paz y el silencio, personas que se desprenden del ropaje de la cotidianidad para vestirse de amistad, soledad, aprendizaje, conocimiento, y renovación interior. Ahora nos esperan años de abandono institucional, pero también años de auténtico espíritu jacobeo, fuera ya del turismo y la masificación.
Seguiremos andando y dejando huella por aquellos caminos por los que otros caminaron.
Decía Picaud, a quien se le atribuye la primera guía del Camino de Santiago, el Códice Calixtino, hace unos setecientos años, “todos los que a Santiago de Compostela llegan tristes, pronto se vuelven alegres, como poseídos por una fuerza que brota directamente de su interior”.
Buen Camino. Ultreia et Suseia