domingo

Reencontrarse en el Camino.

O como el Camino puede cambiar la perspectiva de tu vida.
Un interesante video Ted de Josepe García, empresario, coach y escritor del libro Buen Camino.

lunes

Ganadores concurso 1000 caminos.

Relato ganador del concurso 1000caminos 2015.

EL RAYO VERDE
Por Alexandre Pereira


Llegué a Fisterra una tarde del mes de agosto. El pueblo estaba lleno de vida, de voces, de sonrisas, de color. Tras acomodarme en el albergue me dediqué a recorrer el lugar. Visité el imponente castillo de San Carlos y la ermita de san Guillermo, paré en una taberna para tomar una cerveza bien fresca y charlar con dos marineros que custodiaban su esquina de la barra como un portero custodia su portería. Las horas pasaron entre historias de pesca, de tormentas en alta mar, de puertos exóticos y mujeres misteriosas. Reímos y cantamos, bebimos varias cervezas y ese día dormí el sueño de los justos tras 22 días de camino. Al día siguiente descansé porque mis pies y mis piernas pedían una tregua. Cuando el sol empezó su descenso hacia el ocaso caminé hacia el Cabo. Los atardeceres de verano tienen algo mágico. El mar se transforma en oro líquido salpicado de pequeñas lanchas a motor que lentamente, como si acariciaran un infinito manto de luz, regresan al puerto. Los agrestes acantilados conviven con playas de arenas blancas, el verde salvaje se entremezcla con el blanco de las olas. El camino hasta el Cabo estaba transitado: coches, autobuses, peregrinos, gente del pueblo. Bicicletas, motos, caballos. El lugar estaba abarrotado, mucha gente sentada en las rocas admiraba una de las más hermosas puestas de sol del mundo. Yo encontré sitio en el lado derecho del faro, me senté en el suelo esperando, en silencio, el momento que llevaba esperando toda mi vida: ver el rayo verde. Sabía que las probabilidades de verlo eran escasas pero estaba convencido de que ese era el día. Desde los trece años, edad a la que leí la novela de Julio Verne "El Rayo Verde", había intentado observar ese esquivo y bello fenómeno óptico. Verne describió el color como "...un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio mar podrían nunca producir un igual! Si hay un verde en el Paraíso, no puede ser salvo de este tono, que muy seguramente es el verdadero verde de la Esperanza!" ¿Quién no querría ver algo semejante? Veinte años esperando mi momento, mi oportunidad y sabía, sentía, que Fisterra era el lugar indicado para ver tal maravilla. El cielo estaba despejado, el mar calmo, la mitad del disco solar ya había desaparecido. Faltaba poco. A mi lado algo se movió. Me giré para ver como una chica pelirroja y pecosa se sentaba a mi lado. Volví a centrarme en el sol. Faltaban unos minutos. La chica empezó a hablar: - Es precioso ¿verdad? - sí - respondí secamente. - Espectacular - añadió - aunque lo realmente espectacular sería ver el "Rayon vert". Es algo que siempre he querido ver, ¿sabes? Me giré para explicarle que estaba allí por ese preciso motivo pero al mirarla a los ojos otras palabras salieron de mi boca: - La leyenda dice si dos personas lo ven a la vez se enamorarán la una de la otra. El rayo verde es un momento mágico, es el momento en el que dos personas descubren el amor a la vez. - Eso decía Verne en el libro. Por cierto, me llamo Elena - Yo soy Julio. Hablamos durante horas hasta que se hizo de noche y empezó a hacer frío. Aquella tarde, en el faro de Fisterra, empecé a caminar otro sendero, esta vez acompañado. Por cierto, ¿os he dicho que los ojos de Elena son verdes?.


Fotografía ganadora:

Camino de sentimientos. Manuel Blanco Suarez.

viernes

DOCUMENTAL NO-DO 1970

Documental rescatado del NODO de los años 70 que refleja un camino muy diferente al que hoy conocemos gracias a la labor del ahora olvidado D. Elias Valiña.


Por aquellos años no existían las famosas flechas amarillas, cosa que ahora nos parece inconcebible, y el camino se presenta en este documental como una excusa para dar a conocer los sitios turísticos que jalonan la ruta jacobea, y meter cuña de los hoteles que habían pasado por caja.   Pocos peregrinos se verían por aquella época, y el documental no los recoge, (a destellazos aparecen unos pies calzados en unas viejas sandalias) pero si sirve para conocer  los lugares que hemos pisado como peregrinos antes de la masificación turístico-peregrina y del ladrillo.

Pincha la imagen para ver el video.

viernes

LA PEREGRINACIÓN PROFANA DE UNAMUNO.

Al igual que hoy, ayer también peregrinaban o viajaban a Compostela personas que no necesariamente tenían que ser creyentes, pero sí que estaban atraídas por el contexto cultural y monumental con la que la ciudad se había vestido a lo largo de los siglos. Uno de éstos viajeros, en 1912, es un personaje muy respetado por los eclesiásticos salmantinos, de cuya Universidad era rector, pero a la vez un reconocido profano, don Miguel de Unamuno, que aprovecha un viaje turístico cultural a Galicia para visitar Santiago de Compostela, lo que realiza en el ferrocarril compostelano desde Pontevedra.

A su vuelta a Salamanca escribe sus impresiones sobre el viaje, haciendo mucho hincapié sobre Padrón, por donde pasa con el tren, ya en Compostela utiliza con frecuencia la cita de los versos de Rosalía de Castro para describir las sensaciones que le produce la ciudad.

Pasado el tiempo y con el título de Santiago de Compostela será un capítulo más de su libro odepórico Andanzas y visiones españolas, que junto con el relato de otros viajes a otros lugares españoles se editará en 1922. Este escrito es muy renombrado por la puesta en duda que hace en él, sobre la veracidad de que los restos que allí se veneran puedan ser del apóstol Santiago y abre la puerta a la teoría del priscilianismo . Muchas veces se acude a él pero de una forma que está fuera del contexto general en el que fue escrito, don Miguel afirma que “el sepulcro de Santiago es un sepulcro de España toda”, -un estímulo-, con el que se construyó España, pero no un hecho real que pudiera ser admitido por el espíritu crítico del hombre moderno.

También es de destacar la atención que le presta al Camino de Santiago, algo que ya pertenece al pasado: “Santiago de Compostela, en el corazón de Galicia, donde los siglos de más ingenua y más sencilla fe cristiana se creía estaba el cuerpo del apóstol Santiago el Mayor, el Hijo del Trueno, fue en aquellos siglos un lugar de romerías casi al igual de Roma y de Jerusalén. En cartas geográficas alemanas de la Edad Media le llama a España “Jacobsland”, la tierra de Santiago.
Los piadosos peregrinos que venían del centro de Europa a ese corazón de Galicia traían consigo leyendas, relatos, cuentos y cantares, y fueron sus romerías uno de los vehículos de la cultura europea de entonces. La poesía trovadoresca galaico portuguesa, la primera manifestación culta del lirismo en lengua romance en la Península, prendió al contacto de chispas traídas de Provenza por los devotos romeros de Santiago.
Camino de Santiago se le llamó a la vía láctea, nebulosa de estrellas que guiaba a los peregrinos al término de sus anhelos, como los magos su estrella, y la ruta toda hallábase sembrada de santuarios y hospederías.
Está por escribir la historia de la influencia que esas romerías tuvieron en el desarrollo cultural
de España, en literatura y en arte, y hasta en su historia política, pues no poco influyeron en el nacimiento del reino de Portugal.”


Articulo aparecido en la revista El espíritu de Santi (albergue de Tábara) 
Por: Fernando Lalanda
De su libro: Camino Desierto 1900.1929.

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lunes

Tañido de una campana.

Esa historia ya oculta por la bruma del olvido, resurgía en mi mente como por arte de magia. El interruptor había sido la ciudad de Jaca y había encendido una luz en mi interior que hasta esa mañana estaba en tiniebla. Volviendo la vista atrás, me compadezco de cómo me apee del autobús, después de un largo viaje, desesperanzado y hastiado, a una ciudad que se levantaba con el tímido sol de invierno. Huyendo de fantasmas imaginarios, cargando a prisa una mochila de objetos que no necesitaría, y con el objetivo de no mirar atrás ni preguntarme el porqué hacia esto, emprendía ese día un camino que me llevaría hacia Santiago de Compostela y hacia mi propia infancia. Tal eran las ganas de huir, que sin visitar la ciudad comencé a dar mis primeros pasos como un bebe, nervioso y titubeante mientras el día se iba abriendo. Fue al cruzarme con unos militares haciendo instrucción cuando reapareció aquella historia que me había contado mi padre.


Él había hecho el servicio militar por el pirineo aragonés, entre Barbastro y Sabiñanigo. Siempre gustaba narrar sus experiencias durante casi dos años de mili. Recordaba como un día, por tierras jacetanas, haciendo su regimiento una parada para el descanso, les adelantó caminando una figura enjuta y polvorienta que cargaba una mochila y se apoyaba sobre un bastón espigado y alto como él. Todos sus compañeros les saludaron pero mi padre decidió acompañarlo unos metros, preguntar por su viaje y hurgar en su motivación; fue así donde por primera vez supo del Camino de Santiago y de los sueños y anhelos de los peregrinos. Contaba como aquel encuentro le emocionó y superando el trabajo diario y las obligaciones familiares que le impedía coger vacaciones, un día viajó los 900 kilómetros que separaban su hogar de Somport para emprender su tan anhelado Camino. Su preparación física era escasa y su indumentaria poco que ver con la actual. Recuerdo portar de pequeño su pesada mochila, verde militar de tela áspera, e imaginarme escalando picos nevados y crestas imposibles bajo un viento gélido…

Allí se presentó un día fresco de primavera por sus ya conocidas tierras pirenaicas. Imagino su cara de satisfacción y como sus recuerdos de joven confluirían en él al igual que el rio Aragón lo hacía en el valle. Lleno de energía, cumpliendo un sueño que había macerado durante tanto tiempo, era hora de descorchar tanta ilusión y bebérsela a cada paso de un camino que ahora emprendía. Contaba lo difícil que fue no perderse por una ruta que carecía de señales. Como dormía a la intemperie y se guiaba por su intuición o por las señales que él creía le daba el camino. No pocas veces se  dejaba acompañar por alguna carretera solitaria o algún perro descarriado que siempre le conducía a algún pueblo, y como sonreía al recordar los rostros extrañados de algunos lugareños cuando les decía que iba a pie camino de un lejano Santiago de Compostela. Lo importante no es llegar al destino sino el camino recorrido, repetía continuamente.

Y dentro de aquella aventura, contaba como su más preciado tesoro, el encuentro con una persona muy especial. Fue en una de sus primeras jornadas, y lo recordaba como si aquel día recibiera una vela que habría de llevar hasta su meta, una vela que lo iluminaría en las noches de soledad o en los momentos de dificultad. Fue camino de un pequeño pueblo, llamado Arrés cuando, fruto de su desvío por visitar San Juan de la Peña, la noche se le echó encima. Desprovisto de avituallamiento, no temía la noche  pero si un estómago vacío, por tanto decidió apresurar su paso para llegar al pueblo. Recuerda de dar vueltas y vueltas, intentando orientarse mientras el sol se desplomaba por las colinas de poniente. Se sentía desconcertado, pues si bien esa zona no la había frecuentado en su periplo militar,  no comprendía como podía perderse una persona como él, llena de recursos y buena orientación. La oscuridad, solo quebrada por los destellos de su linterna, se había apoderado del cielo y después de horas intentando acallar su estómago y sobre todo a una conciencia que le empezaba a jugar malas pasadas por no proveer alimento, consiguió dar con una carretera que le debería llevar a algún lugar habitado. Fue entonces como apareció, deslumbrándolo de frente, dos focos precedidos de un familiar ronroneo mecánico que intuía la aparición de un dos caballos. Era una furgoneta, destartalada y de color blanco, que al llegar a su altura, y sin mediar señal por mi padre, se paró bruscamente y de él descendió un hombre que sin cruzar palabra le plantó una mano abierta y enérgica en señal de saludo. Vestía jersey negro de cuello alto y pantalones oscuros que afinaban su figura. Poco sabía mi padre de interpretar ojos, pero aquellos que se ocultaban bajo unas gafas cuadradas de fino metal eran tan trasparentes que dejaban a la vista un alma humilde, serena y luchadora. - Vamos hombre, arriba- le dijo, y saltando este por encima del asiento delantero se colocó entre dos muchachos que custodiaban varios cubos de lo que parecía pintura amarilla. Arrancó presto y con el habitual balanceo materno del Citroën dos caballos llegaron hasta Arrés en un santiamén. Al igual que mi padre, ese hombre y sus dos acompañantes estaban tan hambrientos y sedientos que el primero no dudó en aporrear la puerta de la fonda que más bien parecía abandonada que llena de humeantes cacerolas. Con esa fuerza y decisión que transmiten muy pocas personas, este transformó con su sonrisa a un dueño que abría la puerta con rostro de enfado y gana de bronca, en un dócil y amable camarero que en diez minutos estaba sirviendo raudo una mesa para cuatro comensales, llenándola de viandas y vino fresco.

Fue así como conoció mi padre al párroco Elías Valiña. Y así es como ese recuerdo afloraba ahora que yo  emprendía mi propio camino, lleno de titubeos y miedos que dejar atrás, sentimientos de culpa, soledad buscada y complejos ocultos en mi mochila. Ese niño oculto que todos llevamos dentro, llamaba a la puerta de mi corazón para abrirse paso. Fue en Jaca donde reapareció aquella historia, para insuflarme ánimo ante una empresa que no sé porque emprendía pero que ahora estaba seguro que cambiaría mi forma de mirar la vida. Convencido estaba que no necesitaría un milagroso encuentro para darme fuerzas como el que pudo tener un peregrino medieval con Santo Domingo de la Calzada cuando construía con sus manos el puente sobre el río Oja, o el que tuvo mi padre con otro santo jacobeo, Elías Valiña que tatuó con pintura amarilla y mucho trabajo un camino que renacía al mundo. Sin querer ya había tenido ese encuentro y no me había dado cuenta,  desde mi nacimiento lo había tenido y no era consciente. Ya tenía mi propio milagro, que me acompañaría durante mi camino, que no era otro que la presencia del peregrino bondadoso, humilde y vivo que era mi padre. Fue en aquella mañana, mientras a lo lejos sonaba el tañido ronco de una campana, cuando brotaron lágrimas que avivaron mis primeros pasos y aligeraron el peso de mi mochila.

José Juan Torres (Lucas)

In memoriam.


viernes

El camino de las estrellas. Programa radiofónico de RNE.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-camino-de-las-estrellas/

Mini capítulos radiofónicos en el que Txema Berruete Cilveti  cuentas sus peripecias y anécdotas, así como leyendas, del camino de las estrellas.


miércoles

La foto de un peregrino. Premio mejor fotografía 1000 Caminos 2014

El camino cambia tu forma de mirar, tú forma de ver las cosas, de apreciarlas. El peregrino es como un niño, con una capacidad innata de sorprenderse, de ver cosas ocultas que pasarían desapercibidas para cualquiera. Al caminar tu cuerpo se acompasa al ritmo de tus pasos y el mundo se despliega a tus ojos tal como es, sin máscaras, sin prisas, limpio y puro.

Es por ello que las fotografías de los peregrinos cuentas más de lo que a primera vista se puede apreciar. Cada instantánea está cargada de anécdotas, de un antes y un después, de la dureza del camino, de silencio, de la compañía o de la soledad, de la brisa o de una caricia del sol, del frio o de la lluvia, de piedras y musgo, amaneceres y brumas.

Este año he tenido otra vez el honor de ser galardonado con el primer premio del concurso de fotografía 1000 caminos Martin Codex. Pero he de decir que no es la instantánea de un aficionado a la fotografía, sino la imagen captada por un peregrino.




martes

El Camino en Invierno.

Caminar en invierno es una gozada. Siempre lo comparo, el que haya estado en la universidad lo entenderá, con las clases de mañana y de tarde; las últimas siempre gozaban de un especial encanto, la gente más amable y responsable, compañerismo y humildad abundaban, mientras que por la mañana no eran muy frecuentes estos valores. 

Pues lo mismo pasa con el camino en invierno. Si bien, a Dios gracias, nunca he caminado en verano, no puedo imaginarme peregrinando en tal estación, albergues llenos, prisas, bares abarrotados, falta de amabilidad y de soledad, malas caras, calor, bullicio, jarana, turigrinos…. En cambio en invierno, con los únicos “inconvenientes” de unas condiciones imprevisibles y  algunos bares y albergues cerrados, es un placer andar por un camino cuyo ritmo marcas tú, y no, el tener que llegar antes que nadie. La amabilidad de los vecinos inmejorable, bares solitarios con un servicio único, albergues a tu entera disposición, hospitalidad en cada rincón,  la camaradería entre peregrinos excepcional, la soledad te busca y la amistad la encuentras, y porque no, el frío ahuyenta los malos pensamientos. Nada como pararse en medio del camino, respirar hondo y que el sol de invierno te acaricie el rostro.

Para muestra este reportaje de TVE que os dejo:







viernes

La sonrisa del profeta Daniel.

El camino es sueño y es teatro. Es ficción y realidad. Está formado de entreactos, de giros, de de silencios y aplausos. De vida y de muerte, de luz y de sombra. Comedia y drama, esperpento y clasicismo. Fábula y realidad.

Espectadores eternos como la Vía Láctea o el profeta Daniel con su pétrea sonrisa. Desde la Cruz de Ferro, hasta Santa Maria de Eunate. Puentes, iglesias, montes y ríos. Todos con los ojos bien abiertos, dispuestos a disfrutar de una obra cada día diferente.

Decorados que parecen lienzos pintados por Dios. Y cada amanecer el sol obra el milagro de abrir el telón, de iniciar la función del camino. Es el tramoyista principal y el iluminador de toda la obra. Nos sorprende cada día con un nuevo decorado, con unas bambalinas de colores inverosímiles que azuzan el corazón.

Actor principal, el peregrino. Coreado en escena por compañeros de viaje o de encuentro, unos se convierten en principales, otros en meros secundarios, pero como toda obra de teatro, imprescindibles. Hay otros muchos,  picaros, don juanes, max estrellas, romeos y julietas, yermas, Hamlet varios, fuenteovejunas…todo un elenco de papeles que conforman este teatro, y el de la vida.

Obra eterna con final abierto, la función continua, empieza otro camino.

Y siempre por escribir. El primer paso es la primera palabra.

Entiendo ahora la sonrisa del profeta Daniel,  feliz espectador por lo que acaba de ver.

José Juan Torres (Lucas).-




martes

Buen Camino. Feliz peregrinar por el 2015.

Camino Mozárabe de Santiago

Una ruta distinta, alejada del mundanal ruido del camino francés, a través de una ruta que recorre tierras de contrastes, de historia y cultura milenaria, paisajes extraordinarios y gente humilde y amable.

jueves

Mejor relato 1000 caminos 2013.

Hermosa historia que hará volar vuestra imaginación por el campus stellae. 
Mi mas sincera enhorabuena a Aitana, y como le dije al verla: "me hubiera gustado escribirlo yo". ;)

TRES OJOS
Aitana Such Faro

"Escribir ahora es como volver a casa después de un día de frío y lluvia gallego. La chimenea encendida. El caldo caliente. La ropa de cama limpia y planchada.

Recuerdo bien ese trozo de Camino. Bordeamos el monasterio de Samos y lo dejamos a nuestra espalda. Los campos eran una fábrica de niebla que nos empañaba la cara, el pequeño pueblo quedaba atrás y nosotros nos adentrábamos en un bosque sereno. Amable. Mágico –decía Iago–. Los ciento cuarenta kilómetros que quedaban para abrazar al Santo no nos asustaban. Es como encender una cerilla –dije–. Una vez prendido el fósforo, una vez tomada la decisión ya no hay vuelta atrás. El vástago ya no volverá a ser el mismo. Quizá el Camino sea eso –comentamos–. Arder. Quemar las naves. Plantar las cenizas y renacer.

Conocí a Iago en León, en el albergue de las Benedictinas. Yo empezaba mi Camino allí. Él venía desde Francia –dijo–. Me habló de Cortázar, de Alfonsina y El Mar, de Bob Dylan y de un cajón grande donde guardaba las radiografias, el miedo y también –dijo– su mundo. Hablamos toda la noche, bebiendo vino y paseando por la fina línea que separa lo poético de lo prosaico, el llanto de la risa, la salvación del precipicio. Cuando sonreía se le formaban unas arrugas encantadoras en el contorno  de los ojos. En el fondo de esos ojos adiviné, ténue, una
luz de apego. Maga –susurró–.
– Te puedo llamar Maga?
– No lo sé. Porqué?
– Es un personaje de una novela, me recuerdas a ella. Nadas en el río mientras los otros lo miran de lejos.

No contesté. Adivinó que me encantaba la idea por mi sonrisa.

En el trayecto entre Samos y Sarria nos perdimos. De hecho no sé si existía o no ese atajo del que me habló y que decidimos tomar. O simplemente existía dentro suyo, como las cosas que imaginaba. O quizá tan sólo era una excusa para atraparme de la forma en que lo hizo. Yo andaba buscando respuestas. Iago las tenía todas para mi.
– Sabes que en Galicia existe el río del Olvido? –comentó.
– Mmm, ah sí?
– Según una antigua creencia aquél que lo cruzaba perdía todos sus recuerdos. Te imaginas?
– El qué?
– Tener la oportunidad de volver a empezar. Una nueva vida.
– No lo sé. Eso es imposible.
– La vida está llena de libros sin leer y de vidas sin vivir, a eso me refiero.

Parecía que andábamos en círculo, o más bien en espiral, como en la conversación que habíamos iniciado hacía días en León y que íbamos alargando etapa a etapa. Matizando a cada vuelta el contenido. Aportando nuevas ideas, nuevas reflexiones. Subíamos y bajábamos por una escalera de caracol con las palabras, los sentimientos, las risas. Si mirábamos abajo; un pozo sin fondo. Negro como mi mirada. Si mirábamos arriba un cielo claro, azul, como los ojos de Iago. El río andaba tranquilo. Los árboles ponían sus raíces en remojo, bebiendo directamente de las aguas mansas y cristalinas. –Hasta los pájaros caminan en vez de volar –observó Iago. –Parece como si el tiempo se hubiera detenido.

Sarria. Portomarín. Melide. Arzúa. Pedrouzo. Monte do Gozo. En el cielo una mancha blanca. Media nube. En el camino se habían formado pequeños charcos. Son como espejos –reflexionamos–. Como si el cielo se hubiera roto y nos hubiera caído encima. Llegamos a Santiago al cabo de cinco o seis días. Iago lloró al oir la gaita en la plaza del Obradoiro, dijo que lloraba por mi. Lo abracé sin entender nada. A menudo cuando Iago tenía hambre decía que vivía un tigre en su barriga. –Ni todo el pulpo de Santiago podría calmarlo!– dijo riéndose a carcajadas. Esa noche a modo de celebración me puse el vestido de flores chicas, como hubiera dicho mi madre «de esospara  ser feliz», y cenamos cerca de la catedral, en rúa de Raiña. Pulpo. Caldo. Queso. Mejillones en escabeche. Berberechos al vapor. Empanada de "xoubas".

Hicimos el amor.

Mientras él dormía le escribí una nota y la guardé en mi mochila para  dársela en el desayuno: «Dibujaré una línea. Una línea como este Camino, a veces ancha a veces estrecha. O como nuestra vida, a veces ancha a veces estrecha. O como Dylan, o Bach, o Hendrix, o Cohen, o como el hombre chico de la taberna de abajo, que un dia dibujó un contorno con las palabras Amor, Domingo Soleado o Big Bang. Sí, así está bien. Una línea precisa que me separe del vértigo, que me resguarde de la lluvia y que me diga –Eh! tu! sabes cuánto te quiero?– Dibujaré una línea que me arranque este poema clavado en la garganta. Dibujaré una línea. Una línea perfecta con tu formaprecisa».

Cuando me desperté Iago había desaparecido. Lo busqué sin mucha suerte. Había desaparecido definitivamente de la misma manera en que apareció, de repente y sin avisar. En ese momento no pude evitar pensar en Shivá, el dios hindú del que hacia pocos días me había hablado. El dios de los tres ojos, para ver pasado, presente y futuro. –Representa el aspecto destructor necesario para la regeneración –me dijo–.

Antes de marcharme abracé al Apóstol y le di las gracias.

Sin saberlo había cruzado mi particular río del olvido."






Premio a la mejor fotografía 1000Caminos Martín Códax 2013.

Las vivencias del camino, los sentimientos experimentados, las conversaciones con uno mismo o con tus compañeros de viaje, el sufrimiento y la alegría, promesas lanzadas, el sol en la cara, caminos infinitos, bosques mágicos, riachuelos vivaces…. forman un puzle único en el cuaderno de bitácora que se aloja en el corazón de cada peregrino. Esas experiencias son difíciles de expresar; si una imagen vale más que mil palabras, una fotografía del camino, sin embargo, no puede plasmar las miles de sensaciones y sentimientos que en ese momento vive el peregrino. Es por eso, que una instantánea puede conmover, ilusionar, emocionar o también puede aburrir, desencantar o decepcionar al que la observa; pero lo que si es cierto es que para el peregrino que captura ese momento supone abrir la caja de Pandora de sus recuerdos. 

En esta convocatoria una imagen mía titulada a lo lejos (jornada dura, de nieve y frío dónde la silueta de un caminante se deshace a lo lejos entre la niebla)  ha sido merecedora del premio a la mejor fotografía del concurso 1000caminos de Martín Codax, de entre más de 600 instantáneas, el jurado la consideró merecedora de tal galardón. Me siento agradecido, como es de suponer, pero para mí, el  verdadero premio,  no es ni siquiera llegar a Santiago, sino hacer Camino. Aunque volver a Santiago a por el premio fue todo un regalo.


Dice mucho de aquel día, y se acumulan en mi mente una catarata de emociones y sentimientos, al igual que a cada uno de los participantes le rememora la suya. Por eso no es un premio individual, sino un premio colectivo, pues el peregrino aunque camine en solitario nunca lo hace solo, ya que el camino está construido por una riada de almas que lo han cruzado durante siglos, y que han formado una ruta de imágenes que están en la memoria y en el corazón de cada uno de ellos.

Animo a todos a que participéis en esta nueva edición que ahora comienza.

Comienza la nueva edición de 1000Caminos | Bodegas Martín Códax


Como bonus unas palabras de los agraciados a la TVG:
http://www.crtvg.es/tvg/a-carta/tamara-canosa-a-bela-adormecida-unha-faba-unha-vida

En breve colgaré el relato ganador.