martes

Camino de estrellas.

Lucas miró con asombro hacia arriba y apuntando con su pequeño dedo le dijo a su padre, –papá, ¡mira cuantas estrellas juntas! –.
Padre e hijo habían andado desde O´Cebreiro en su primer día de camino. A lo lejos se oía el rumor del agua saltar y una brisa húmeda ascendía por la rivera del río sorteando el albergue que a esas horas permanecía mudo y tenuemente iluminado por unas solitarias bombillas. A pesar del tempranero frío de otoño que mimaba estas tierras, Lucas pisaba con sus pies desnudos la hierba que crecía sin orden, acariciándoselos y haciéndole cosquillas.
La noche era clara en Triacastela y las escasas luces del pueblo permitían ver en su esplendor la bóveda de mármol negro con incrustaciones de estrellas que se desplegaba antes sus ojos con su intenso brillo. - Se llama la Vía Láctea- le dijo el padre,- es un camino, como el de aquí abajo, pero de estrellas. - Y ¿cómo se han juntado tantas?- pregunto Lucas con extrañeza e inocencia. - Son estrellas peregrinas que caminan juntas. Inseparables… Como tu abuelo.-
Un hilo de emoción recorrió la garganta del padre haciéndolo enmudecer por un momento.- Tienen un mismo destino, alumbrar nuestros pasos aquí abajo, guiarnos en la oscuridad y recordarnos la senda a seguir. Entonces Lucas miró con más atención como buscando una en especial, volteó su cabeza en todas direcciones, y viendo que no podía abarcarlo todo con la mirada, se echó de espaldas sobre la hierba. El padre lo acompañó y cogiendo su mano la apretó con fuerza. Lucas titubeó - y… ¿nosotros algún día caminaremos por allí? El padre sintió entonces una punzada en su interior, tenía la corazonada que este camino los uniría, que algo especial crecería en ellos, pero no imaginaba que el primer día aflorara a borbotones estos sentimientos.
Le pareció que había pasado una eternidad desde la pregunta cuando sus labios le susurraron al hijo, -sólo los peregrinos de alma bondadosa caminan por ella, porque su corazón se convierte en estrella. –Su voz se empezó a quebrar pero consiguió continuar. - Si hijo, sí; creo que algún día caminaremos todos allí, juntos de nuevo. Para siempre. En ese instante padre e hijo se miraron. A pesar de la oscuridad que los envolvía, Lucas pudo apreciar que unos pequeños destellos acariciaban las mejillas de su padre.
 
José Juan Torres.-
 
 

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